El bruxismo y los acúfenos (zumbidos de oídos) son dos alteraciones que se han vuelto cada vez más comunes en la población moderna. El estrés, las largas horas frente al ordenador, los malos hábitos posturales y la sobrecarga emocional influyen directamente en la tensión muscular de la mandíbula, el cuello y la cabeza.
Aunque a menudo se tratan por separado, ambos problemas pueden tener un origen funcional compartido en la articulación temporomandibular (ATM) y su entorno musculoesquelético.
La fisioterapia especializada en la ATM y el sistema craneocervical es una herramienta fundamental para abordar estos cuadros de forma segura y eficaz. Su objetivo no solo es aliviar el dolor y reducir los zumbidos, sino también restaurar el equilibrio muscular y articular, mejorar la postura, y devolver al paciente su bienestar global.
Entendiendo el bruxismo
El bruxismo se define como la actividad repetitiva de apretar o rechinar los dientes, de manera inconsciente y generalmente fuera de los momentos de masticación. Puede ocurrir tanto durante el día (bruxismo diurno) como durante el sueño (bruxismo nocturno).
Es una respuesta neuromuscular compleja que involucra factores emocionales, biomecánicos y neurológicos.
Tipos de bruxismo
- Bruxismo céntrico o de apretamiento: el paciente aprieta los dientes sin movimiento lateral.
- Bruxismo excéntrico o de rechinamiento: se produce un movimiento lateral de fricción entre las piezas dentales.
- Bruxismo mixto: combina ambas conductas.
Principales causas del bruxismo
- Estrés y ansiedad crónicos.
- Alteraciones en la mordida o maloclusión.
- Disfunciones de la ATM.
- Fatiga muscular y sobrecarga cervical.
- Trastornos del sueño.
- Factores neurológicos y hereditarios.
- Consumo de estimulantes (café, tabaco, alcohol).
Consecuencias
- Desgaste o fractura dental.
- Dolor facial, mandibular y cervical.
- Dolores de cabeza tipo tensión.
- Dificultad para abrir o cerrar la boca.
- Hipersensibilidad dental.
- Ruido articular o chasquido en la mandíbula.
- Dolor irradiado hacia el oído y acúfenos.
El bruxismo no tratado puede desencadenar una disfunción articular progresiva, afectando tanto a la biomecánica mandibular como a la función auditiva.
Qué son los acúfenos o zumbidos de oídos
Los acúfenos son la percepción subjetiva de un sonido que no proviene de una fuente externa. Este sonido puede manifestarse como un zumbido, pitido, campanilleo o silbido.
Se pueden percibir en uno o ambos oídos, y su intensidad y frecuencia varían de una persona a otra.
Tipos de acúfenos
- Acúfenos subjetivos: los más comunes. Solo el paciente los percibe.
- Acúfenos objetivos: menos frecuentes. Pueden ser audibles por el profesional mediante exploración (por ejemplo, espasmos musculares o turbulencias vasculares).
Posibles causas
- Lesiones en el oído interno o exposición a ruidos fuertes.
- Tapones de cerumen o infecciones de oído.
- Hipertensión o alteraciones vasculares.
- Estrés, ansiedad o depresión.
- Tensión muscular cervical o mandibular.
- Bruxismo y disfunción temporomandibular (ATM).
En muchos casos, los acúfenos no se originan en el oído, sino en alteraciones mecánicas y neuromusculares del cuello y la mandíbula.
Relación entre bruxismo, ATM y acúfenos
La ATM es una estructura anatómica compleja situada justo delante del oído. Une la mandíbula con el cráneo y está formada por huesos, cartílago, ligamentos, cápsula articular, músculos y nervios.
Cuando la ATM sufre un desequilibrio, las estructuras adyacentes —incluido el oído— pueden verse afectadas.
El sistema auditivo y la ATM comparten inervación a través del nervio trigémino (V par craneal), que transmite la sensibilidad de la cara, los dientes y la mandíbula. Este nervio también tiene conexiones con los músculos del oído medio, por lo que una sobrecarga mandibular puede alterar las señales nerviosas que llegan al oído, generando zumbidos o sensación de presión.
Además, la musculatura cervical desempeña un papel esencial. Tensión en los músculos del cuello, trapecio o suboccipitales puede modificar el flujo sanguíneo y la propiocepción, contribuyendo a los acúfenos y al dolor de cabeza.
Por tanto, es frecuente que el paciente con bruxismo presente también acúfenos de origen somático, los cuales responden muy bien al tratamiento fisioterapéutico.
Evaluación fisioterapéutica: el primer paso
Antes de iniciar cualquier tratamiento, el fisioterapeuta realiza una valoración global del paciente, analizando tanto el componente físico como el funcional.
La exploración incluye:
- Análisis de la movilidad de la mandíbula.
- Evaluación del rango articular y posibles desviaciones o bloqueos.
- Palpación de los músculos masticatorios (masetero, temporal, pterigoideos).
- Observación de la postura cervical, hombros y cabeza.
- Exploración de la ATM (ruidos, chasquidos, desplazamientos).
- Valoración del tono muscular y puntos gatillo.
- Cuestionarios de estrés, sueño y hábitos posturales.
Con esta información se diseña un plan de tratamiento individualizado orientado a aliviar síntomas, restaurar la movilidad y eliminar las causas funcionales del problema.
Tratamiento fisioterapéutico del bruxismo y los acúfenos
El tratamiento de fisioterapia aborda los tres niveles implicados: muscular, articular y postural, actuando tanto sobre la mandíbula como sobre el cuello y la cabeza.
1. Terapia manual
La terapia manual es la base del tratamiento. Se utilizan maniobras específicas para relajar la musculatura sobrecargada y mejorar el movimiento de la articulación temporomandibular.
Técnicas aplicadas:
- Masaje profundo y liberación miofascial del masetero, temporal y pterigoideos.
- Liberación de la fascia cervical y suboccipital.
- Movilización pasiva de la mandíbula.
- Descompresión y tracción articular de la ATM.
- Estiramientos musculares suaves.
Estas técnicas mejoran la circulación, reducen la inflamación y facilitan la correcta posición del cóndilo mandibular dentro de la cavidad articular.
2. Técnicas intrabucales (intraorales)
El fisioterapeuta accede a la cavidad oral con guantes para trabajar músculos profundos difíciles de alcanzar externamente, como los pterigoideos internos y externos.
Estos músculos están directamente relacionados con la apertura y cierre de la boca y, cuando están contracturados, pueden irradiar dolor al oído, la sien y la cabeza.
Su liberación mejora el equilibrio de fuerzas sobre la ATM y ayuda a reducir los acúfenos.
3. Reeducación postural
La postura influye directamente en la función mandibular. Una cabeza adelantada o un cuello rígido aumentan la tensión sobre la mandíbula y la base del cráneo.
La fisioterapia incluye ejercicios de:
- Alineación cervical neutra.
- Estabilización escapular.
- Reeducación de la respiración diafragmática.
- Ejercicios de movilidad global.
Un correcto control postural evita recaídas y mejora la coordinación entre la mandíbula, la cabeza y el cuello.
4. Control motor y ejercicios mandibulares
El paciente aprende a movilizar la mandíbula de forma consciente, evitando desviaciones o bloqueos.
Se practican ejercicios de apertura, cierre y deslizamiento controlado frente a un espejo, y se trabaja la relajación del sistema neuromuscular.
El fisioterapeuta también enseña técnicas para mantener los dientes ligeramente separados, relajando el tono basal de la mandíbula.
5. Técnicas complementarias
En algunos casos, se combinan terapias físicas que potencian el efecto del tratamiento manual:
- Punción seca: desactiva puntos gatillo miofasciales.
- Electroterapia (TENS): reduce el dolor muscular.
- Radiofrecuencia o tecarterapia: mejora la oxigenación y favorece la regeneración tisular.
- Ultrasonidos terapéuticos: alivian la rigidez articular.
- Vendaje neuromuscular: mantiene la relajación muscular y corrige posturas.
Estas técnicas se aplican siempre tras la valoración del fisioterapeuta y de forma complementaria.
6. Educación y gestión del estrés
El componente emocional es crucial. El fisioterapeuta enseña al paciente estrategias para evitar conductas perjudiciales:
- No apretar los dientes ni mantener la mandíbula en tensión.
- Evitar morder objetos o chicle.
- Aplicar calor local en la zona masetérica.
- Realizar automasajes en la cara y el cuello.
- Dormir con postura adecuada, evitando presión sobre la mandíbula.
- Practicar relajación o mindfulness para reducir el estrés.
En algunos casos, la fisioterapia se combina con apoyo psicológico o con el uso de férulas de descarga prescritas por el odontólogo.
Beneficios de la fisioterapia en el bruxismo y los acúfenos
Los resultados del tratamiento son muy positivos, especialmente en casos de acúfenos de origen somático. Entre los principales beneficios destacan:
- Disminución del dolor mandibular y cervical.
- Reducción de la frecuencia e intensidad de los zumbidos.
- Mejora de la movilidad y apertura bucal.
- Descenso del tono muscular y sensación de ligereza.
- Mejora del descanso nocturno.
- Reducción del estrés y de la ansiedad.
- Prevención de recidivas.
La mayoría de los pacientes experimenta una notable mejoría a partir de las primeras sesiones, especialmente cuando el tratamiento se combina con ejercicios domiciliarios.
El papel del equipo multidisciplinar
El tratamiento más eficaz es aquel que integra distintas áreas de la salud:
- Fisioterapeuta: trabaja la parte funcional, muscular y postural.
- Odontólogo: valora la oclusión y puede prescribir férulas de descarga.
- Otorrinolaringólogo: descarta causas auditivas internas.
- Psicólogo: aborda la gestión del estrés y ansiedad.
- Logopeda: interviene si hay desequilibrios en la deglución o el habla.
Este enfoque global permite abordar el problema desde todas sus vertientes, garantizando una recuperación estable y duradera.
Autocuidado y prevención
El tratamiento fisioterapéutico es más eficaz cuando el paciente adopta hábitos saludables en su vida diaria.
Algunos consejos prácticos:
- Evitar apretar los dientes durante el día.
- Mantener los labios juntos y los dientes separados cuando no se mastique.
- Evitar dormir boca abajo o con la mano bajo la mandíbula.
- Hacer pausas posturales cada 45 minutos si se trabaja frente a pantallas.
- Beber agua con frecuencia y mantener una dieta equilibrada.
- Realizar ejercicios de relajación antes de dormir.
- Aplicar calor seco en cuello o mandíbula si hay rigidez.
- Consultar al fisioterapeuta de forma preventiva ante los primeros síntomas.
El bruxismo y los acúfenos son trastornos que comparten una misma raíz funcional: la tensión muscular y articular en la región mandibular y cervical.
La fisioterapia ofrece un enfoque integral que actúa sobre la causa, no solo sobre el síntoma, restaurando el equilibrio entre mandíbula, oído y cuello.
A través del tratamiento manual, la reeducación postural, el trabajo respiratorio y la gestión del estrés, es posible disminuir el dolor, aliviar los zumbidos y mejorar significativamente la calidad de vida.
Cuando se acompaña de una visión multidisciplinar, la fisioterapia se convierte en una herramienta eficaz y duradera para devolver armonía al cuerpo y bienestar al paciente.